Yo se que vas ha hacer, Mariana, con tus ojos,Un guiño delincuente para matar hastíos,
un parpadeo lento para atrapar ideas,
y una mirada cómplice para encontrar los míos.
No se si quedará café instantáneo
Sos fascinante, dijo él, casi incongruente,
Somos los santos mas austeros de la tierraAhora queremos merendar con los gerentes,
cobrar el sueldo de una vida por segundo
y ser los diablos mas intrépidos del cielo,
y las criaturas mas hipócritas del mundo.
El le examinó las manos
Una tarde, conversando con el negro Fontanarrosa, me dijo: -Estuve pensando en esas frases célebres que se le atribuyen a los próceres, esas que todo el mundo cita declamando, dándole énfasis a la pronunciación por el solo hecho de que vienen siendo repetidas a lo largo de la historia, como por ejemplo aquella tan conocida del general don José de San Martín, “Serás lo que debas ser o sino no serás nada”. Fijate vos lo que dijo el tipo, pensala, ¿no?, “Serás lo que debas ser o sino no serás nada”- me repitió mirándome fijo como vigilando a ver si me atrevía a plantearle alguna otra hipótesis y concluyó -, que me perdone el libertador, che, pero es una reverenda pelotudez. Yo me cagué de risa y le dije que sí, que tenía razón. Que mas podía hacer, si todo lo que enunciaba el negro era, mas que absoluta, astutamente irrebatible.
Bestias insanas,
Parece mentira,
Eran las frases confusas y estereotipadas
Un paréntesis para después de leerte,
La historia tiene la mala costumbre de ocultar los recuerdos bajo el mar, bajo la tierra o bajo un manto de dudas, pero la humanidad carga aún con una inconducta mayor que es la de tergiversar los hechos, mentir la realidad o silenciar las verdades. La historia se libera así del pecado del error, que como todos sabemos, humano es.
Cuando nadie te interprete corazón de alcantarilla
Mi experiencia (que no se si es la mejor pero si se que es la mía) me está indicando (y para ser sincero me lo está indicando desde hace ya un tiempito prudencial) que dos derrapes profesionales en un solo mes son suficientes para un espíritu autodidacta y que hay que hacerse a un lado porque de lo contrario, intuitivamente, se aboca uno a la casi egocéntrica tarea de defenderse y, la verdad, en circunstancias tales nadie debería estar de ánimos para blandir espadas con la diestra ni para portar escudos con la siniestra, menos aún cuando enfrente se planta tanta impetuosa juventud. Hago, pues, votos para que esos jóvenes y acreditados corazones, todos sin excepción, alcancen la gloria perpetua que les corresponde, los contratos permanentes que bien merecidos se tienen y todos los euros de a billetes grandes, mientras yo envaino mis razones, me recuesto en mis laureles (me recuesto he dicho, que no es dormirse una siesta) y espero a ver que dirá el tiempo, porque como todos ustedes saben, el tiempo dirá.