
Inescrutable como dios en las alturasy hasta exactamente igual de inexistente,
tu soberbia te declara incompetente
y te destierra a merodear por la llanura.
Pero una vez tomamos sol con la piel tierna
los dos desnudos y atrevidos en la playa
cuando mi barca corrió el riesgo y casi encalla
en el fatídico arrecife de tus piernas.




















