lunes, 3 de diciembre de 2007

Fugitivo

El disparo fue perfecto, ajustadísimo, el sargento cerraba un ojo y el que dejaba abierto se le convertía en halcón. Tenía una puntería sensacional, hasta dio la impresión de que el fugitivo se iba desplomando antes de que la bala le llegara al corazón, y tanto es así que cuando la bala llegó, el fugitivo estaba realmente tumbado en el piso, así que la bala le pasó silbando por arriba. No tuvo mas que reincorporarse, ocultarse detrás de una pared y luego escapar como corresponde a todo fugitivo que se precie de tal, con el corazón intacto.

1 comentario:

Coni dijo...

Me gustó mucho Tomi.
La agudeza detrás de la mirilla y ese afan de salir lo mas ileso posible que funciona durante un momento,como un chaleco antibalas.

Yo solo puedo guiñar con un ojo, con el que sabe mentir.

A veces pasa, que uno intenta rearmarse, recuperar la forma homínida que pervirtió la desolación.
Me contaron que algo asi les pasó a dos personas,que en su imposibilidad de fugar, un buen dia decidieron pegarse un tiro. Uno se mató,el otro no.
Luego entendí;el primero queria morir, el segundo volver a nacer.

Un abrazo. me despido invitandote a otro blog que abrí "www.yoathea.blogspot.com"
coni.