miércoles, 20 de agosto de 2008

Prolegómenos

Eran las frases confusas y estereotipadas
de un marido empecinado en explicar horas extras.
Prolegómenos que nunca llegaron a confesarse
y jamás pasaron de ser un sinnúmero de palabras
que se fueron acumulando al costado de los sillones.
Cuando ya los dos se dormían de aburrimiento
entró María con una palita, su escoba en ristre
y sus casi cuarenta inviernos de empleada doméstica,
las barrió prolijamente con movimientos automáticos
y las tiró en una bolsa de polietileno negra
a la que le hizo un nudo bien fuerte
para que nunca se escapara la verdad
y se salvara para siempre el matrimonio.

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